Caso Gesell: sadismo, pertenencia e impunidad. La opinión del psicólogo Carlos Argarate

Un asesinato y una injusta detención, confluyen y atraviesan el criminal accionar de diez rugbiers, oriundos de Zárate, provincia de Buenos Aires. Éste y otros hechos de violencia para con “el otro” envisten a nuestra sociedad. ¿Dónde quedó el primer valor que se aprende en el seno familiar? “el respeto”. Dialogamos con el Licenciado en Psicología Carlos Argarate.

Paul Ekman es un psicólogo pionero en el estudio de las emociones, amén de ser considerado uno de los más destacados del siglo XX;  bien vale traerlo al ruedo en estos días, ya que dentro de su expertise, indicó las emociones básicas que mueven al ser humano, como son la felicidad, la ira, el desprecio, la sorpresa, el asco y el miedo.

¿Y porqué aquello?, porque claramente los hechos llevados a cabo en masa, están atravesados de principio a fin por emociones, donde el ser humano se despersonaliza y ya no responde por sí, sino por el grupo al que pertenece.

Siendo aquello, muchas veces escenario de grandes tragedias, como la vivida este fin de semana en Villa Gesell, donde el ahora extinto jóven Fernando Báez Sosa, fue asesinado por diez rugbiers oriundos de Zárate, provincia de Buenos Aires -Matías Benicelli (20), Ayrton Viollaz (20), Máximo Thomsen (20), Luciano Pertossi (18), Lucas Pertossi (20), Alejo Milanesi (20), Tomás Enzo Comelli (19), Juan Pedro Guarino (19), Ciro Pertossi (19) y Blas Sinalli (18)-.

Un comportamiento grupal deleznable enraizado en dos proyecciones; por un lado la pérdida irremediable de una jóven vida (Fabián Báez Sosa) y por el otro, un acusación injusta, cuasi bullying, entre grotesca y miserable, a otra alma inocente (Pablo Ventura).

¿A qué patrones obedecen estos comportamientos?, donde el mismo respeto por la vida del semejante se diluye “sin ton ni son”.

Desde WWW.LT39NOTICIAS.COM.AR, visitamos en el Refugio del Quinto Cuartel, donde se encuentra la sede de Copnaf (Consejo Provincial del Niño, el Adolescente y la Familia), en el Servicio de Protección  de Derechos, correspondiente a la zona zur de nuestro departamento; al psicólogo Carlos Argarate, para desandar el tema.

“Los rugbiers funcionaron como grupo de pertenencia, allí el YO pasa a ser grupal; en  todo grupo cada uno tiene su rol, está el líder, el payaso, el obsecuente”, expresó Argarate, para luego hacer hincapié en la preponderancia del “sadismo” en este hecho, es decir ese patológico y enfermizo comportamiento de ir diez contra uno y seguir pegándole, aún cuando estaba inmóvil en el suelo.

“La consecuencia no se mide dentro de las masas”, enfatizó, para destacar luego la despersonalización del ser humano al actuar en pos de “la masa”.

Pertenencia, impunidad & sadismo

Si bien la tragedia mayor que enlutó y enmarcó al Caso Gesell, es el crímen suscitado; no menor fue lo acaecido con Pablo Ventura, remero de la misma localidad de los rugbiers, a quien mancharon con sólo mencinarlo “en forma de chiste”, según rezan los medios capitalinos, jóven que tuvo que soportar estar detenido e incomunicado durante cuatro días, hasta que en la noche de ayer se lo liberó…¿pero quièn redimirá esta injusticia en su corazón e historia de vida?.

“No tomaron dimensión del daño que hicieron”, sentenció Argarate haciendo alusión a Ventura; agregando luego, “es la necesidad que los otros nos tengan miedo”, dijo, para referirse a la diferencia entre respeto y miedo, como banderas irrefutables de las masas.

Cuando la "responsabilidad y respeto" quedan diluídos en el grupo

Para finalizar, bien vale aprovechar la sapienza de nuestro entrevistado, para distinguir el comportamiento en masa…aquel que supo describir oportunamente, Sigmund Froid.

Claramente la sociedad se reviste de una crisis, que de manera imperiosa, necesita rever el valor del respeto por el otro...valor que hace raigambre en la primera escuela, "el hogar".