Victoria, Entre Rios
Ver clima
Localidades
FM 90.3 AM 980
Politica / 10-07-2019

Gracia Jaroslavsky: entre la presidencia de la UCR provincial y el recuerdo de Fernando de la Rúa «la política requiere de códigos virtuosos»

La recientemente electa Diputada Provincial y actualmente interina presidenta de la UCR Entre Ríos, estuvo en la redacción de WWW.LT39NOTICIAS.COM.AR, donde no sólo habló de política y de las construcciones que desde su lugar hará en la legislatura provincial; sino también tuvo palabras más que benévolas y conciliadoras, para con el lugar que a partir de ayer, la historia argentina, tomará en consideración con el ahora extinto ex Presidente de la Nación, Fernando de la Rúa.


Gracia Jaroslavsky, presidenta interina UCR Entre Ríos, flamante electa diputada provincial

Gracia Jaroslavsky actualmente sienta precedente en la política radical entrerriana, ya que es la primera mujer que preside la Unión Cívica Radical de Entre Ríos, si bien lo está haciendo interinamente, hasta que el radical Leandro Arribálzaga, retome su función, luego de las PASO.

“Mi actividad en la presidencia de la UCR por estos días, es custodiar que la cosa marche bien, que no haya ningún problema en el proceso electoral, que todo se desarrolle con normalidad o bien resolver cuestiones de urgencia que se puedan llegar a presentar, es una tarea simple, sólo por un mes”, especificó.

– ¿Cuál es tu lectura respecto del posicionamiento del radicalismo entrerriano, en una provincia gobernada hace tiempo por el justicialismo?

-El radicalismo tiene mucho que aprender en este proceso, como todos los partidos políticos, estamos atravesando un momento de cambio en las formas de la política y en las formas de la administración de los partidos políticos, de manera tal que es muy difícil para los partidos políticos que están acostumbrados a funcionar con normas estancas, como el caso del radicalismo que es muy orgánico, estructurado y esas estructuras le hacen difícil aggiornarse a las nuevas modalidades.

Haciendo hincapié luego que en la Argentina cobrarán sumo protagonismo las alianzas de diferentes signos políticos; recordando incluso que, desde la era menemista en adelante, todas han sido alianzas; dejando a las claras que es una cuestión coyuntural con proyección definitiva a instalarse en el mundo contemporáneo y futuro.

Construcción & política “hay que gobernar desde la conducta”

Según sus propias palabras, para Gracia la política ha caído en un lugar de menosprecio para la sociedad, teniendo la tarea de una búsqueda de reversión de ese escenario adverso, ya que es lo único que ayudaría a sostener el sistema democrático, donde claramente la construcción juega un papel protagónico.

“La sociedad va a tener que ser inteligente a la hora de ir marcando el camino de ese cambio y en eso el periodismo tiene mucho para hacer, ya que si entendemos que la política requiere de códigos virtuosos de ciertas formas y de ciertas conductas  que tienen que ser no discutidas,; hay que tener en claro que cualquiera que quiera representar a la sociedad deberá tener su “prontuario” intachable, entonces la gente se tiene que poner más exigente, nosotros tenemos que ir puliendo todas esas cuestiones, hay que gobernar desde la conducta y la educación”, enfatizó.

Agregando que la construcción tiene que ver con el trabajo, incluso desde su lugar como diputada provincial, el cual será desde una minoría con una mirada constructiva, sólo que, desde un lugar de menos poder, “hay que cambiar eso de oficialismo y oposición”.

– ¿Qué temáticas priorizarás al llegar a la legislatura provincial después del 10 de diciembre?

-Lo primer será interiorizarme de los temas que más me interesan como el de la salud pública, ya que Entre Ríos adolece de todas las cuestiones básicas para que sea realmente una prestación publica eficiente, tiene que ver con dar mayor calidad de vida a la gente; además nosotros tenemos la suerte de tener a Laura Stratta en la vice gobernación, esperemos tener una relación fluida para el bien de Victoria y la provincia.

Su recuerdo de la figura política de Fernando de la Rúa “en algún momento la historia tendrá que ser más benévola con él”

El ex presidente Fernando De la Rúa falleció en la madrugada de este martes 9 de julio, a los 81 años a las 7:10 en el Instituto Fleni de Escobar.

Cuando el ahora extinto Fernando de la Rúa presidía la República Argentina, nuestra entrevistada se encontraba en los albores de su diputación nacional (2001-2005); por lo que fue testigo directo y fiel de aquellos trágicos días.

“Ese proceso fue signado más por traiciones que por errores”, dijo implacable en referencia a la circunstancia de entonces vivida por De la Rúa, para agregar “si alguna vez los responsables hablaran con la verdad, se podría dimensionar más la figura de De la Rúa, porque él ha quedado como un fantasma que no supo conducir un momento de crisis”.

– ¿Qué recordás de aquellos días? sobre todo cuando una y otra vez se repite la imagen del helicóptero llevando al ex presidente.

-Aquel helicóptero fue terrible, yo en ese momento era diputada nacional y no salimos por 48 horas, se vivió una crisis terrible, pero uno no puede dimensionar todo lo que coadyuvó a que eso fuese una tormenta perfecta. De la Rúa tuvo millones de errores, el desenlace de la situación fue una tormenta perfecta, pero en algún momento si se pone blanco sobre negro y todo lo que el peronismo y los propios hicieron para que De la Rúa renunciara, podría ser la historia un poco más benévola, ya que él en definitiva hizo lo que había que hacer, no le quedó más remedio, no fue solamente su responsabilidad.

– ¿Qué recordás del trato personal que tuviste con él?

-Lo conocí cuando era Jefe de Gobierno de la ciudad de Buenos Aires, también cuando fue presidente del bloque de diputados nacionales. Era un tipo con valores éticos muy fuertes, era un hombre de la democracia, muy virtuoso en su accionar, muy religioso, con profundas convicciones religiosas.

Para luego hacer un destaque de su análisis perceptivo de un De la Rúa de los primeros tiempos, al cual lo caracterizaba una actitud pro activa, dinámica; que al que se encontró años después aquí mismo, cuando la campaña presidencial, acompañado de Sergio Montiel, donde ya lo encontró muy retraído.

“Fue muy distinto el De la Rúa que yo conocí cuando era Jefe de Gobierno de la ciudad de Buenos Aires, que cuando fue presidente, recuerdo cuando vino acá en la campaña con Montiel gobernador, ya no lo percibí de la misma forma, estaba muy retraído, el antes era más activo y vital”.

Chacho & Fernando

Si bien el padre de Gracia, el siempre bien recordado Chacho Jaroslavsky, integraba las filas radicales de Renovación y Cambio; en tanto que Fernando de la Rúa formaba parte de la Línea Nacionalista; el respeto mutuo, fue condicionante de ese vínculo.

“Ellos no eran amigos, el último tiempo papá lo fue a visitar cuando estuvo internado y ya era presidente; pero lo que vale aquí es que tanto Alfonsín, como De la Rúa y Montiel, eran personas virtuosas, honestos, con valores éticos, Vivian la política como una vocación de servicio y sabían que la función pública requería de un código de ética y moral para llevarla adelante y todo eso se perdió”, sentenció.

Quiso plasmar en estas líneas un recuerdo entrañable enmarcado de reconocimiento y respeto, ante la pérdida del ex presidente radical y de la injusticia instalada en el inconsciente colectivo de la sociedad argentina, sobre su buen nombre.

“A mí me da mucha tristeza lo de De la Rúa, porque lo que él le dio a la política no se corresponde con el juicio de valor que la historia argentina hasta el día de hoy tiene de él. La política suele ser despiadada, te maltrata y no es fácil transitar eso; uno cuando se decide a dedicarse a la política, es como si se pusiese en una vidriera permanente y todo lo que uno hace o deja de hacer o decís o dejas de decir, es susceptible de ser juzgado y como se juzga se califica y a veces es injusto, a mí me parece que hay que tener un poco de piedad al juzgar a la gente y, sobre todo, al que lo hace con virtud”, finalizó.

Recordando el camino recorrido en la política del ex Presidente Fernando de la Rúa

Fernando de la Rúa nació en Córdoba, el 15 de septiembre de 1937, hijo de Antonio de la Rúa,  destacado dirigente de la UCR y ministro de Amadeo Sabattini, cuando éste ejerció la gobernación.

Se destacó como estudiante,  lo hizo en el Liceo Militar, donde fue abanderado. También se recibió con medalla de oro en la Facultad de Derecho, en la Universidad Nacional de Córdoba.

Los estudios eran paralelos a su militancia y fue convocado por el presidente Arturo Illia como jefe de asesores en el Ministerio del Interior, en aquel período que marcó un paréntesis entre tantas asonadas militares (hasta que el propio Illia fue derrocado para la instauración de otra dictadura, la de Onganía).

La aparición de Fernando de la Rúa como un hombre de batalla para las elecciones tuvo algo de casual. Fue en 1973. En medio del fervor peronista -la vuelta de su líder, las elecciones del 11 de marzo-, Héctor Cámpora ganó ampliamente la presidencia. Pero en la Capital Federal, hubo una tregua para aquella ofensiva del Frejuli (el frente liderado por el peronismo). Ocurrió en la elección para senadores ya que uno de los dos candidatos del Frejuli, Marcelo Sánchez Sorondo, era un nacionalista de ultraderecha, demasiado para los propios camporistas.

Así el Frejuli no reunió el 50% necesario en la elección de senadores, se requirió una segunda vuelta que se planteó con el enfrentamiento Sánchez Sorondo vs. De la Rúa, el candidato radical. En medio de tanta debacle a nivel nacional, el radicalismo tuvo entonces la oportunidad de celebrar un triunfo. Y De la Rúa, a quien ya apodaban “Chupete” por su juventud para el cargo, quedó como una carta ganadora.

Aquel 1973 fue de vértigo. La rápida renuncia de Cámpora -forzada por el propio peronismo- obligó a nuevas elecciones presidenciales, donde esa vez sí, Juan Domingo Perón era postulado para su tercer mandato (junto a su mujer Isabel) y con un favoritismo absoluto. Orilló el 62% de los votos. El radicalismo igual se presentó, casi como testimonial. Y entonces su líder y candidato, el legendario Ricardo “Chino” Balbín, llevó como compañero de fórmula… a De la Rúa. Era su ingreso a las ligas mayores.

La larga noche de la dictadura lo alejó -como a tantos otros- de los focos de la política. Todo había cambiado en 1983, con el retorno de la democracia luego de la aventura en Malvinas. Raúl Alfonsín emergía como el nuevo, carismático y movilizador líder del radicalismo. De la Rúa quedaba dentro de una línea más conservadora que, aunque se presentó en la interna, poco podía hacer ante el hombre que produjo el milagro de batir al propio peronismo y ganar la presidencia desde diciembre de 1983.

De la Rúa volvió al Senado, para el que intentó una reelección seis años más tarde. Allí fue víctima de una picardía que le impidió asumir: fue el candidato más votado en la Capital, pero un sorpresivo acuerdo entre el peronismo y la Ucedé de Alsogaray (que enseguida tendría su correlato en el gobierno de Menem), lo dejó fuera de la Cámara.

Sin embargo, fue ganando predicamento dentro de un radicalismo diezmado por el final de la presidencia de Alfonsín -que terminó adelantando la entrega del mando- y la derrota de Angelóz ante Menem. Y alcanzó uno de sus momentos estelares con la victoria electoral de 1996, cuando se convirtió en el primer jefe de Gobierno porteño elegido por el voto popular. De aquella gestión -que significó su trampolín a la Presidencia- no se recuerdan mayores obras, pero sí un prolijo manejo de las cuentas y a un dinámico Enrique Olivera como el hombre a cargo del día a día.

De la Rúa parecía prepararse para un destino mayor. La alianza con la centroizquierda, liderada por “Chacho” Álvarez y con predicamento en los sectores urbanos, fue el empujón que la UCR necesitaba para volver al poder.

Hubo una interna (De la Rúa vs. Graciela Fernández Meijide), donde el peso del aparato y la tradición radicales resultaron insuperables. Después, ambos unieron fuerzas para ganar la elección de 1999 contra el peronismo, que llevaba a Eduardo Duhalde como candidato. Pero, está dicho, aquella ilusión se evaporó rápidamente.

Entre el corralito, los saqueos, las marchas y los fuegos de diciembre, la vida política de Fernando de la Rúa, en el 2001, avizoraba su final.

Claramente De la Rúa quedó marcado por la crisis de 2001, que provocó la salida del Gobierno al que había llegado para suceder al menemismo en 1999, encabezando la Alianza.

Aquel 20 de diciembre de 2001 a las 19.45, el texto con la renuncia de Fernando de la Rúa a la presidencia de la Nación comenzaba a distribuirse en la sala de periodistas de la Casa Rosada. Siete minutos después, el helicóptero que llevaba a De la Rúa había despegado del helipuerto en la misma sede gubernamental. Todavía el humo cubría la zona céntrica de Buenos Aires, eco de las manifestaciones y los enfrentamientos con la Policía.

​La noche anterior, habían sido amplios sectores los que -con marchas y cacerolazos- habían repudiado al Gobierno. En la mañana y en el mediodía del 20, directamente eran batallas en las calles. Y volvían los saqueos en el Conurbano, Rosario y varios puntos del interior. La situación no daba para más.

Para el doctor Fernando de la Rúa no sólo fue el fin de su presidencia, fue también el fin de su carrera política. Para el país, también era el final de un ciclo, el epicentro de dos de las jornadas más convulsionadas de su historia (19 y 20) y el comienzo de una larga incertidumbre: cinco presidentes en diez días, hasta que el Senado proclamó a Eduardo Duhalde para que asumiera al frente de una transición.

En su meticulosa, programada y prolija campaña de ascensión a las cumbres de la política, De la Rúa jamás hubiera imaginado un final así. Pero sucedió. La fina construcción de su presidencia se derrumbó apenas surgieron los problemas. La popularidad del 75% con la que asumió el 10 de diciembre de 1999 se evaporó en pocos meses y la misma Alianza entre radicales y centroizquierda (Frepaso) se desintegró con la renuncia del vicepresidente Carlos “Chacho” Álvarez tras el escándalo por las coimas en el Senado.

Entre el agotamiento de un sistema económico -que ya mostraba esos signos en el final del menemismo- y la falta de respuestas desde la política, el capital de Fernando de la Rúa se fue consumiendo.

Terminó casi en soledad, con amplios sectores de su mismo partido negociando una salida con un peronismo más fortalecido por sus gobernadores y el recuperado dominio del Senado. Aquel estallido de diciembre de 2001, final de ciclo, marcó también una declinación económica de la que llevaría tiempo recuperarse (con índices pavorosos en desempleo y pobreza).

Más allá de las explicaciones que el propio De la Rúa daría en entrevistas posteriores, a lo largo de varios años y que constituyeron sus únicas reapariciones públicas, lo cierto es que quedó aquella imagen de debilidad y de no haber podido manejar una crisis.

Falleció en la mañana del 9 de julio «Día de la Independencia nacional», una fecha que lo eligió para partir y reivindicar su memoria.


Comentarios

No hay comentarios

Debes estar logueado para poder comentar.