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Interés General / 12-05-2019

Ramiro Salinas el elegido de Celina Ferro, Osvaldo Rey y Augusto Fusilier, para hablarnos de «sus» obras a través de «su» arte

Ramiro Salinas es uno de nuestros más reconocidos y prestigiosos artistas plásticos, cuya calificada obra ha trascendido a las siete colinas. Su sapienza ha sido elegida para importantes y emblemáticas restauraciones. WWW.LT39NOTICIAS.COM.AR habló con él de sus inicios y recorridos por los senderos del abanico del arte. Un artista nuestro, cuya obra ya forma parte del patrimonio cultural victoriense.


Ramiro Salinas, artista plástico rodeado de parte de su extensa obra pictórica

Ramiro Salinas nació en la capital de la provincia en esas horas indefinidas donde la estación más fría del año va llegando a su ocaso,  para dar paso a los albores de la romántica primavera.

Cuando contaba 5 infantiles años de edad, sus padres, oriundos de las siete colinas, decidieron apostar su futuro por estos lares,  por lo que se radicaron definitivamente en la casa de la familia materna, de apellido Affranchino.

Vivienda alta aquella, de escalera interminable, enmarcada por balcones y ventanas que permiten ver y sentir el latir del centro de la ciudad;  lugar que claramente fue el refugio implacable del arte desplegado por Ramiro, en importantes etapas de su camino de vida.

Después de haber transcurrido sus edades escolares en pasillos de la Escuela de Laprida y en la de Comercio, en su adolescencia; quiso dar rienda suelta a su talento primario,  la música, desarrollada a través del piano,  por lo que se llevó sus sueños a la cuna de la bandera;  en una época donde Rosario y su trova, eran protagonistas absolutas de una camada de música & arte que marcaron a fuego una época en la música contemporánea argentina.

“Para mi Rosario era el centro cultural del universo, estuve un año, fue toda la época de la hiperinflación,  eran tiempos difíciles económicos, por lo que me tuve que volver e ingresé a la escuela de arte, es decir que la pintura fue un plan B”,  contó entusiasta recordando nombres como el de Jorge Fandermole, quien supo hacer docencia en ese mismo espacio ubicado en la peatonal rosarina,  donde Ramiro despuntaba el vicio por las notas musicales.

En sus palabras deja a las claras la pasión con la que sintió en su esencia más pura ese año de su vida, “en mi generación todos queríamos ser músicos, Rosario era la meca y allí aprendí mucho, fue otro momento uno caminaba por Rosario y siempre estaba pasando algo”.

-Ramiro,  claro está que tu inclinación por la música fue prima facie el camino elegido, pero a pesar de eso el arte en la pintura y el dibujo estaban en vos ¿en qué etapa de tu vida la pintura ganó a la música?

-Ya en mi adolescencia tuve experiencias autodidactas de dibujo y de pintura, conocí en esa época a Olga Sabinsky,  fue  ella quien se dio cuenta a mis 6 años que yo estaba predestinado para ésto, reconoció en mí condiciones para la plástica, también me regaló las primeras herramientas para dibujar y pintar;  luego ya de grande la encontré en la escuela de arte.

Cuando el arte y la plástica arrebataron su alma

Ya de regreso en Victoria, se inscribió en la Escuela de Arte, “yo desde el primer día que puse el pie en la escuela de arte sabía que quería ser pintor,  por lo tanto lo primero que hice fue comprarme un caballete y armé en mi casa mi espacio de pintura y durante toda la carrera trabajé aquí, en esta amplia casa,  yo estoy acostumbrado a estos espacios enormes, mis pinturas eran muy grandes y este espacio condicionó los formatos de mis obras”, enfatizó, haciendo hincapié además en que nunca pudo bajar la escala visual,  ya que esas significativas habitaciones, condicionaron su mirada y trabajo.

Su primer obra en Casa de Madres de Plaza de Mayo

Oportunamente junto a sus compañeros estudiantes de arte, viajaron en calidad pedagógica  a Buenos Aires, al taller del escultor Antonio Pujía, maestro en el arte de usar cera de abejas en sus obras y ese viaje caló hondo en el talento de Ramiro, ya que la grandiosidad y tamaño de esas obras fueron un punto de inflexión para su propia manera de expresarse.

“De mi primer obra no tengo registro fotográfico, pero sí sé que la pinté después de una visita al estudio de Antonio Pujia en Buenos Aires, en el barrio de Floresta,  yo estudiaba y fuimos en un viaje pedagógico, conocimos a un artista que era para mí desconocido por entonces, un escultor increíble, quien había elaborado una serie de esculturas en bronce y yo quedé muy impactado cuando vimos ese taller, llegué con esa imágen, pasaron muchas cosas en el medio y yo luego quise hacer un homenaje a Pujía”, relató.

Aquella pintura realizada, homenaje al artista nacido en Italia,  en la actualidad está en casa de Madres de Plaza de Mayo, ya que fue una promesa hecha a la mismísima Hebe de Bonafini,  “con orgullo puedo decir que una obra mía está allí”, expresó con total satisfacción.

-¿Cuánto tiempo suele llevarte pintar un cuadro?

-Nunca trabajo con obras solas sino con series, que están conectadas desde lo técnico y el significado, los artistas plásticos trabajamos en series. Puede llevar cada una en uno y dos años.

-¿Tenés el número exacto de la composición completa de tu patrimonio artístico?

-Lamentablemente no, es algo pendiente. Sucedió que pertinentemente confié en alguien y perdí todo lo que tenía guardado en mi computadora; pero uno aprende de los errores.

-También ejercés la docencia ¿cómo es la interacción con tus alumnos, estás a gusto con poder plasmar tus conocimientos en otros, desde la enseñanza?

-Fue curioso, porque no tenía dudas de mi gusto por el arte, pero me encontré con la pedagogía y en verdad a mí no me interesaba la docencia, eso fue una construcción posterior y el arte como una vinculación con el otro. Fue una construcción que vino de a poco y que fui cediendo para poder ejercer, con el tiempo me empezaron a pasar cosas con el aula, daba y recibía, pase de algo pragmático, del taller en soledad a un mundo más teórico, donde yo teorizaba sobre mis prácticas artísticas. Fue un espacio de conquista personal como artista, convertido en docente de la escuela pública y fue un momento de hacer cosas maravillosas, construímos cosas increíbles que hoy son patrimonio cultural como los murales del Concejo Deliberante y del Cine Teatro Victoria.

Festejando las Bodas de Plata de su primera exposición

Este año lo está transcurriendo, festejando los 25 años de su primera exposición en la Agrupación Cultural Victoria.

Y aquello no sólo es una anécdota, ya que fiel a su estilo de cierto desenfado y franqueza para dar libertad al talento;  rompió reglas y llevó a cabo aquel evento siendo aún estudiante; ya que por entonces era casi una condición sine qua non no estar en esa condición para exponer, “yo desafié ese axioma no escrito y expuse antes de recibirme”, dijo triunfante.

En esa misma línea reniega de la carencia de un circuito de comercialización en nuestra ciudad y la región,  siendo terminante en su apreciación, “no hay conexión con otros lugares no hay asociación de artistas, a pesar de contar con una escuela de arte y tanta tradición, es por lo conservadora de la sociedad, que recién se abrió al mundo a partir del puente; Entre Ríos en ese sentido sigue siendo feudal, para un artista en soledad se hace muy difícil abrirse sólo desde su taller con autogestión y llegar a un lugar de cierta relevancia”.

El elegido de Osvaldo, Augusto y Celina…

Para adentrarnos en esta parte de su vida, bien vale traer a nuestra mente parte de esa bóveda majestuosa de la Capilla Sixtina , en ciudad del Vaticano, donde se encuentra la reconocida como  “la creación de adán”, allí Dios extiende su mano al hombre, simbolizando el acto supremo de la creación. Rescatamos aquello para hacer un parangón con nuestra nota, ya que  tres eximios nombres que ya no están entre nosotros, se unieron desde otra dimensión extendiendo sus manos al arte pictórico de Ramiro.

Tres ilustres nombres que quisieron volver al ruedo a través de sus manos, tres artistas de excelencia que vale la pena entender como entrelazan sus talentos con el de nuestro entrevistado.

-Osvaldo Rey…»le pidió» que lo retrate…

El recordado y contemporáneo artista local Osvaldo Rey, artista, decorador y director de teatro, que buscó proponer creaciones artísticas que contuvieran expresiones populares, gran defensor y promotor de los carnavales populares victorienses, es quien porta con su rostro la obra póstuma de Ramiro, la que él mismo tilda y reconoce como su favorita.

“Yo no conocí personalmente a Osvaldo Rey, pero hice su retrato a través de una foto en blanco y negro que me acercaron de él, la obra se llama Rey de Reyes; donde en ella conecté con él y con Fusilier”…claramente Osvaldo lo eligió desde algún lugar para que se recuerde su rostro.

-Augusto Juan Fusilier…»le confió» su gran obra en Parroquia Aránzazu

El artista Augusto Juan Fusilier nació en la ciudad de Buenos Aires el 24 de junio de 1891. Durante algunos años se dedicó a pintar retratos y dibujos comerciales; para luego sí dedicar gran parte de su tiempo y obra en el arte religioso. Es obra suya la decoración total de nuestra Parroquia Nuestra Señora de Aránzazu y el templo de Santa Teresita en Gualeguaychú.

En nuestros tiempos contemporáneos, nuestro templo parroquial necesitó de una restauración que permitiese volver a visibilizar sus colores y esencia; por lo que se contrató para tamaño trabajo al reconocido artista Raúl González; quien a su vez tuvo como asistente único y permanente a Ramiro Salinas.

“Para mí aquello fue un punto de inflexión enorme en mi camino artístico, porque con Fusilier yo tenía un vinculo personal; en reiteradas oportunidades iba a la siesta a la parroquia cuando no había nadie y trataba de conectarme con todo eso. Fusilier era nuestro gran maestro y cuando me convocó Raúl González para trabajar en la restauración, yo no podía creer”, recordó.

Destacando  que fue de gran impacto en su carrera ver “de cerca” y palpar el sentir artístico que movió a Fusilier, cuando pintara el templo parroquial…claramente Fusilier lo eligió desde algún lugar para que trabaje en la restauración de su obra.

-Celina Daniela Ferro…»le dejó» el legado de restaurar «su» obra, para mostrarnos a los victorienses nuestros primeros tímidos inicios, tal como ella lo pensó…

Artista plástica y docente local de fuste y magnificentes dotes innatas, nacida en las siete colinas en diciembre de 1893 y fallecida en marzo de 1974; fue una de las pioneras en educar desde el dibujo. Avezada dibujante que Victoria supo reconocer entre las personalidades que conforman nuestra idiosincrasia.

Ella fue quien plasmó primero en sus pensamientos y luego en un cuadro de dos metros, lo que fue aquella jornada donde se celebró la primer misa en el oratorio, que fuera la punta de lanza de la hoy ciudad de las rejas con casi cincuenta mil habitantes.

“La sociedad italiana recibió una donación de una obra de Celina Ferro que estaba en mal estado, muy grande de 2 por 2 metros, es una tempera sobre papel, donde plasmó en ella un paisaje que versa sobre el 13 de mayo de 1810, es como Celina pensó esa primer misa en el oratorio, una escena sencialla costumbrista, pero muy importante para nosotros”.

“Se contactaron conmigo para restaurarla porque se va a exhibir. Para mí es  un honor poder tocar una obra de ella, yo tengo un profundo respeto por Celina porque no solo fue una de las primeras pintoras hecha y derecha, sino que fue la primer docente”, dijo en franca admiración, amén de recalcar que Celina Ferro es pilar condicionante para entender la cultura victoriense… claramente Celina lo eligió desde algún lugar para que trabaje en la restauración de su obra.

Ya finalizando la entrevista, Ramiro hizo hincapié en su objetivo de llegar con su producción artística a lugares centrales en Buenos Aires y a partir de allí hacer otros recorridos; siempre de la mano y unido a su gran obra, que tuvo como preludio el año 2008 cuando contrajo matrimonio con Laura, sellando su historia de vida con dos niños y una niña, testigos implacables del arte de su padre.


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