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Interés General / 11-04-2019

«Mi padre fue extraordinariamente bueno» dijo a LT39 NOTICIAS el hijo del ex intendente Mario Brassesco

Fiel a nuestro estilo y buscando reconocer la esencia local, desde WWW.LT39NOTICIAS.COM.AR, hablamos con uno de los hijos del recordado ex Intendente Mario Brassesco, quien se encuentra radicado en España hace más de tres décadas y está en la ciudad para despedir los restos de su madre este sábado a las 12:00 en el cementerio municipal. Una historia de vida con sabor a historia argentina.



Corría el mes de marzo del año 1976 en nuestro país y al momento que la entonces Presidenta María Estela Martínez de Perón era depuesta de su cargo, un golpe cívico militar denominado Operación Aries por sus perpetradores,  tomaba el poder; estableciéndose una junta militar liderada por el teniente general  Jorge Rafael Videl, el almirante Emilio Eduardo Massera y el brigadier general Orlando Ramón Agosti.

La junta tomó el nombre oficial de Proceso de Reorganización Nacional y permaneció en el poder hasta diciembre de 1983.

Fueron años donde la desaparición de 30000 vidas se unieron al grito de “Nunca Más”… años aquellos donde muchos tuvieron que padecer el exilio y encontrarse con un nuevo e intempestivo escenario de vida.

Y aquél fue el caso de nuestro entrevistado, el victoriense Mario Brassesco, hijo del recordado Mario Brassesco, quien se sentó en el Sillón de Ezpeleta en dos oportunidades.

La primera desde el 15 de mayo de 1958, hasta el 29 de enero de 1962; cuando a nivel nacional el entonces José María Guido tomaba el poder y dejaba en el camino a un Arturo Frondizi deteriorado y la segunda, desde el 25 de mayo de 1973,  hasta el 24 de marzo de 1976.

Mario por estos días se encuentra en las siete colinas, para despedir los restos de su madre, María Antonia “Mary” Maccazaga, recordada docente local  que ejerciera su actividad en la escuela Normal tanto en la preceptoría, como profesora de matemáticas,  quien en octubre del 2017 tomó la decisión de radicarse en Barcelona junto a sus hijos,  ya que la misma edad y el deterioro del paso del tiempo, definieron su viaje.

“Ella nos pidió que quería descansar junto a papá, aquí en Victoria”.

WWW.LT39NOTICIAS.COM.AR habló con este victoriense de pura cepa, quien en su camino de vida se vio obligado,  según sus propias palabras, a dejar su terruño y reinvertar su propia historia.

Aquella partida en 1976…

“Fue irme de prisa, corriendo, dejando atrás toda la vida”, relató con nostalgia Mario; quien además recordó que por entonces sólo conocía la ciudad de Santa Fe y Capital Federal, a la que había viajado sólo en un par de oportunidades.

“Mis ideas no coincidían con ese momento,  fue muy doloroso dejar mi país, mi familia, no fue una elección,  fue impuesto, pero no reniego, ya que España me acogió maravillosamente, de España solo puedo hablar bien,  tengo allá mi mujer e hijos”.

Pero aquello sólo fue la punta de lanza  para discurrir su vida en un país, que a su llegada se encontraba saliendo de una sangrienta guerra civil, liderada por el militar y dictador Francisco Franco y donde el dolor, aún estaba latente en el seno de la sociedad española.

“De golpe me encontré con un mundo diferente donde descubrí otras realidades”, relató, destacando los pensamientos, actitudes y posturas de otros países, donde se respetan los valores esenciales de la humanidad,  “conocí un militar sueco que me hablaba de derechos humanos, democracia e igualdad social, donde la educación,  la sanidad y justicia son la prioridad para un gobierno y no sólo se dice, sino se hace, lo que los lleva a tener los estándares de vida más grande y son la admiración de todo el mundo”, enfatizó.

Si bien fue un antes y un después muy doloroso en su vida, al llegar a Suecia, su primer escala en la que estuvo sólo seis meses; para luego radicarse definitivamente en Barcelona,  España  hasta la actualidad; se encontró con un mundo de magnitudes  y oportunidades inmensas, donde el progreso es insoslayable.

Llevó portando sobre sí el título de bioquímico, extendido por la Universidad  Nacional del Litoral y ya en el primer mundo,  estudió medicina en la moderna Barcelona,  previo paso por el Instituto Karolinska de Estocolmo, seno de los premios nóbeles del mundo.  Ejerce su profesión  hace ya más de tres décadas,  habiendo ampliado su mirada, especialización  y proyección a través de la fecundación in vitro.

-Mario ¿qué nos podés contar de esa España pos Franquista que pudiste vivenciar in situ a tu llegada?

-Yo llegué cuando acababa de fallecer Franco, había vencidos enterrados y vencedores con armas, había una sociedad dividida, pero dispuesta y decidida a apostar por la reconciliación, para tener un futuro en común.  Viví la transición, acababa de morir Franco y la sociedad se encontraba con vencidos enterrados en cunetas y ganadores  armados,  una sociedad totalmente dividida.

-También pudiste ser un actor social más de aquel  emblemático Pacto de la Moncloa.

-Fue un país que decidió apostar por la reconciliación, tener un futuro común; en aquel momento España tenía una inflación del 30 por ciento. Fue un pacto donde entre todos decidieron tirar el país adelante,  todos hicieron sacrificios;  la derecha que gobernaba dejó el poder y  la izquierda perdonó. Eso hizo que España se encamine a sus mejoras económicas y sociales.

En su relato Mario destacó dos palabras que pudo vivenciar y que impregnaban por entonces los corazones del viejo continente en aquellos años setentosos… unión y perdón,  “darte cuenta que si quieres a tu país de  verdad,  hay que estar dispuesto a pensar que no tienes la razón en todo y que tu contrincante,  también quiere al país pero piensa de manera diferente”.

Mi padre “Mario”  y mi tío “Bicho” los intendentes de las siete colinas

Vicisitudes del destino quisieron que cuando se fuera en el año 1976 y aquella junta militar que sacaba al unísono a su padre de la intendencia;  los mismos militares se iban derrotados casi una década después, con el advenimiento de la democracia y paradojas del universo, se sentaba en el lugar dejado por su padre, su tío Luis Ángel Brassesco, a quien recuerda con aprecio y alegría.

Mario recordó con gran cariño, reconocimiento y  respeto, el nombre de su padre, el recordado Don Mario, a quien definió como un hombre de implacable empatía social, “papá fue extraordinariamente bueno, era buena persona y sentía profundamente el dolor de los demás”.

“Probablemente mi padre no fuera la persona más formada e inteligente,  pero era una persona buena  que escuchaba a todo el mundo, tenia empleados que no necesitaba pero igual los tomaba para darles trabajo”, dijo haciendo un destaque especial en corazón caritativo y solidario del recordado Don Mario.

“Mi padre como mi tío fueron elegidos intendentes democráticamente, estoy orgulloso de eso, yo creo en la democracia, pero por suerte Argentina ya lleva años eligiendo representantes en las elecciones democráticas”, recalcó.

Luego recordó la memoria de su tío, Luis Angel “Bicho” Brassesco, el otro primer mandatario local (1983-1987), “mi tío era la alegría personificada, ir a ver a tio Bicho era ir a pasártelo bien, estar a gusto hablar de todo, recuerdo su pasión por la caza y la pesca y lo recuerdo como la persona con la que querías estar,  recuerdo ir al lavadero a hablar con él,  pero su labor como intendente no la ví,  ya que en esa época yo todavía no podía venir, aunque el recuerdo personal de él es imborrable”.

Su reconocimiento al crecimiento de la “ciudad de las rejas”

“Claramente hubo un antes y un después con el puente, yo recuerdo desde pequeño escuchar hablar del puente, el canal, el camino y ese fue el sueño de mi padre y de muchos como mi padre,  recuerdo a peronistas y  radicales luchar por ello y pensar que la comunicación con Rosario iba a ser el despegue de Victoria”,  expresó haciendo mención también a la figura de Chacho Jaroslavsky, gran amigo de su padre,  como promotor de aquello.

A propósito de lo anterior, trajo a colación una anécdota que pinta su permanente recuerdo de Victoria a la distancia y del reconocimiento a su crecimiento como ciudad “un dia vine a un congreso, donde todos los médicos estábamos invitados a conocer el sur argentino, pero yo no fui con mis colegas porque  me vine a Victoria a ver el puente,  ya que no podía creerlo. Pero ahí pude ver, pero sentí un poco de pena porque papá no lo pudo ver, pero por otro lado alegría por  todo lo luchado, ahí mismo me dije la ciudad va a cambiar, luego tardé unos años en venir, pero luego la vi florecer”.

Ya finalizando la entrevista, Mario con gran aprecio y cariño dijo que su corazón se divide en dos países,  por un lado España, que le dio la posibilidad de vivir en una parte del mundo donde el cotidiano vivir brinda posibilidades calificadas y regocijo material.

Pero por otro, esa otra mitad de su corazón, estuvo, está y estará emplazado e impregnado de las siete colinas que lo vieron, nacer, correr en su infancia, adolescer en sus años inquietos y lloraron aquella impetuosa partida en su incipiente juventud.


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