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Interés General / 02-12-2018

Misionar, mucho más que una actitud de vida

Misionar, una actividad que si bien está entrelazada en el popular de la gente con la iglesia católica; es en verdad una implacable vocación de servicio, sostenida por una firme mirada empática. Desde WWW.LT39NOTICIAS.COM.AR hablamos con quienes hacen de este servicio su estilo de vida, Mercedes Palavecino, Carlos Paniagua y Ariel Ottero.


Foto izquierda, Mercedes Palavecino y Carlos Paniagua, Foto derecha Ariel Ottero


La etimología del verbo latino misio, significa “enviar”, siendo ésta la esencia del “misionero”; aquel cuya empatía, enmarcada en una mirada abrazadora y generosa hacia los demás, es su sentido de vida.

Popularmente la figura del misionero está arraigada al anuncio del evangelio mediante obras y palabras, sobre todo dirigiendo éstas hacia aquellos que se sostienen en una postura incrédula o bien en una fe fría e inconstante, sobre todo logrando en quienes la practican, una sanación implacable.

En las siete colinas hay tres ciudadanos enmarcados en dos historias,  donde la misión es en sus vidas, ese preludio que  abrió el juego a sus vocaciones de servicio.

Sus nombres, Mercedes Palavecino  y Carlos Paniagua,  quienes conjugan su vida matrimonial con el trabajo evangelizador  y Ariel Ottero, quien además de ser docente en filosofía, riega con su palabra y su guitarra aquellos lugares donde la divinidad se vale de estos corazones misioneros inquietos,  para su siembra y cosecha.

Historia 1 “Mercedes y Carlos…una misión fronteras adentro”  (video)

La misión evangelizadora y el servicio a la iglesia de parte de este matrimonio oriundo de Quilmes en Buenos Aires, afincado en las siete colinas hace ya más de una década;  comenzó en los noventa,   cuando después de participar de un Seminario de Vida de la Renovación Carismática Católica sintieron un llamado a llevar la palabra a jóvenes corazones.

“Comenzamos en el Colegio Pío X de Quilmes,  de allí luego de la  confirmación arrancábamos con el grupo de perserverancia y luego seguíamos con la misión,  estuvimos en San Juan ,Gualeguaychú, Pueblo  Nuevo y ahí arrancamos con esta experiencia,  porque la gente está ávida del amor de Dios y luego también participamos de la Carpa Misionera que pertenecía a la Diócesis de Quilmes”, recordó Mercedes.

En el 2004 deciden radicarse en las siete colinas,  donde continuaron con su misión en la región, visitando  Rincón de Nogoyá y Montoya , donde en éste último la catequista con 87 años de vida recibe en su casa a los infantes  de la campiña y en más de una oportunidad su casa es ornamentada para las celebraciones de primeras comuniones.

“Uno sale a evangelizar pero sale evangelizado “, dijo  sabiamente Carlos, ya muy bien parado en su camino recorrido.

Fraga, Gabriel, Pablo… “un antes y un después”… (audio 1)

Fraga es una localidad del departamento de Coronel Pringles en la provincia de San luis y está  enmarcada por las vías férreas del Ferrocarril General San Martín,  amén de encontrarse allí una importante industria de sistemas solares.

Allí hay dos predicadores, misioneros,  Pablo Collazo y Gabriel Rinaudo, muy reconocidos ellos dentro de la Iglesia Católica,  no sólo por la palabra que vienen sembrando hace años, sino por la valentía y el coraje de haber tomado como punta de lanza sus propias vidas para llevar una palabra de aliento “divino” a quienes quieran escucharlos.

Una vez al año esta  comunidad católica puntana de la mano de ellos dos, realiza  una gran misión, de la que participan jóvenes de todo el país, evento éste que ya está instalado en la idiosincrasia  del lugar.

“A Fraga fuimos tres años seguidos, luego hubo un impasse y volvimos en marzo de este año”,  relató Mercedes.

“Fraga nos marcó  por la organización que tienen y de allí aprendimos mucho, sobre todo por la parte organizativa, más allá de la misión en sí,  el misionero tiene que estar cómodo ,como dice el saber popular panza llena misión contenta.  En Fraga nos dieron una lección de organización”, dijo con marcada contundencia Carlos.

-¿Cómo se desarrolla un día de misión allí?

-Nos dividimos en grupos, cuando a un grupo le toca preparar el desayuno se levanta media hora antes y lo  prepara  para todos luego a las 08:00 nos vamos a rezar,  algunas veces hacemos laudes,  otras veces hemos hecho  un  jericó de alabanzas y salimos a misionar hasta el mediodía.  Las mujeres de la comunidad vienen y cocinan, luego mientras servimos hacemos  un sketch,  finalizada la comida ese miismo grupo debe dejar todo impecable y de ahí vamos a hacer la siesta hasta las 16 que se prepara la merienda y a las 17 saimos de nuevo y paralelo a eso vamos invitando. A la noche hay un ateneo donde cada uno opina como les fue o bien una charla de los adultos a los jóvenes y otra de los jóvenes a los adultos.  El último día se hace una gran fiesta y almuerzo con todo el pueblo.

Virgilio, un ciudadano bendecido con su testimonio “mariano”

Carlos recordó entusiasta  un fuerte testimonio,  donde un vaqueano, de nombre Virgilio, integrante del grupo de oración y a quien oportunamente le detectaron  una  patología muy severa , una noche sueño mediante, sintió que una mano le sacaba una pelotita de su cuerpo. Transcurridos unos días llegó la imagen de la Virgen de Fátima para entronizar en la parroquia, siendo grande la sorpresa de Virgilio cuando desembalando  se encontró con que esa mano que sacó lo malo de su cuerpo no era otra que la de la Virgen que llegaba a Fraga. Virgilio fue curado y sanado.

Carlos y Mercedes  dos fieles testigos  cuya entrega y vocación de servicio hablan de la esencia que los moviliza;  donde en este camino misional, encontrarse con Pablo Collazo y Gabriel Rinaudo, fue providencial.

“Gabriel es la parte logística nerviosa  y Pablo la ejecución lenta, dia y noche en sus caracteres, pero la misión se cumple”, finalizó felíz Carlos.

Historia 2 “Ariel y su camino en el monte santiagueño” (video)

Su mirada misionera se remonta seis años atrás,  cuando comenzó  a dar clases de filosofía  en el nivel secundario del colegio nicoleño  “Los Aromos”,  en el que junto a directivos y colegas buscaron la forma de mermar situaciones de bullyng.

Ante aquel escenario institucional Ariel pensó en la misión como medio para sanar esos vínculos, entendiendo que a través del conocimiento de otras realidades muy diversas a ellos, podrían reconocerse, reconocer al otro  y  crecer interiormente.

Así entonces aquel fue el introito de una seguidilla de misiones materializadas en el monte santiagueño,  actividad ésta que lleva seis años.

Ana y Juana (audio 2),  son dos alumnas del Colegio de la Mesopotamia de nuestra ciudad,  que acompañaron en las últimas misiones realizadas y sus testimonios son claros, donde claramente pudieron desarrollar una empatía y mirada solidaria para con nuestros semejantes del noreste argentino,  “si bien la primera vez que fui me cuidé yo,  en esta segunda oportunidad me solté y pude ver  más y escucharlos, ya que ellos necesitan hablar con alguien”,   dijo Juana,  ya sosteniendo a su edad adolescente  una experiencia de franco crecimiento personal.

-¿Ariel  aparte de  Santiago del Estero a qué otros lugares has ido?

-Primero hice un intento de misión cuando era jóven  a los 18 años, cuando fui al Chaco, pero esa experiencia no fue positiva,  ya que tuve adversidades  tanto en el clima y en la salud; hasta llegué a pensar  que la misión no era lo mío,  hasta que hace seis años en el Colegio Los Aromos  de la ciudad de San Nicolás, ante una problemática de agresión y bulling entre  los chicos, se me ocurrió que la misión sería una salida a ello.

-¿Cómo llegaste a la conclusión que la misión sería sanadora ante ese panorama  de violencia entre los adolescentes?

– Pensé,  ¿ porqué un ser humano tendría que rechazar al otro?  Y  ahí  me dí cuenta que a esos chicos había que sacarlos de su ensimismamiento para que vean otra realidad,  por lo que la misión era un camino para lograr descentrarse de uno mismo.

Y  los resultados ante aquella propuesta educativa de campo fueron tan prodigiosas  que a partir de ahí concatenadamente se viene llevando a cabo año tras año; donde los “viajeros” se dan cuenta de las bondades materiales  y  naturales de las que gozan en sus lugares; vivenciando por ejemplo que para conseguir agua deben caminar kilómetros  con baldes hasta un pozo en burro o carretilla para transportarla.

Produciéndose así ese contacto con uno mismo sin mediación de la tecnología,  donde  uno aprende a respetar y superar las carencias.

“Mi misión es diaria,  cada vez que salgo a mi trabajo todos los días me coloco la cruz y tomo mi ingreso al aula como mi pequeña misión,  mas alla de conocimiento científico filosófico  hoy el mundo necesita de espiritualidad,  hoy se habla de inteligencias múltiples  creo que el hombre descuidó la inteligencia espiritual”,  sentenció Ariel.

Tal como reza el título de esta nota, misionar es mucho más que una actitud de vida,  es la verdadera Vocación de Servicio.


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