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Interés General / 29-04-2018

Un entrerriano que lleva la música en la sangre

Javier La Paz cumplió 30 años con la música y decidió festejarlo en Victoria. En una entrevista con La Semana, el chamamecero hace una retrospectiva de estas tres décadas de carrera, recuerda su paso por Ivotí, y anticipa su nuevo trabajo.


Nadie es profeta en su tierra. “A pesar de que solo viví seis meses en Victoria hice muchas amistades, y conocí buena gente”.

El chamamé tiene muchos cultores en nuestra zona. Uno de ellos es Javier La Paz, que el sábado pasado eligió Victoria para festejar sus 30 años con música. Oriundo de Villa Paranacito, tan solo con 39 años, este artista ya cuenta con ocho trabajos discográficos y uno en camino, que adelantó a La Semana llevará el título “A todo o nada, chamamé”, con obras propios y composiciones compartidas con su primera guitarra y arreglador, Gerardo Jaime.

Sí, sacó bien las cuentas. La Paz toca la acordeona desde los nueve años. “Un día andábamos por Buenos Aires y vi una acordeona a piano en una vidriera y le dije a mis padres que quería aprender a tocar eso”, recuerda Javier Nicanor, que reconoce en su abuelo el origen de su pasión por la música. “El tocaba una acordeona paisanita o verdulera…Ese fue mi primer contacto con el instrumento”.

Trabajadores del río, la familia La Paz cambió el paisaje para ir a Buenos Aires a cuidar un campo. Fue la oportunidad para que su hijo ingresara al conservatorio en Chacarita, donde cursó y se recibió de Profesor Superior en Teoría y Solféo, y cursó el Profesorado de Acordeón. Con 20 años cumplidos ya tenía su grupo y en 1997 produjo su primer álbum discográfico, “Recordando mi pago”. Un año después grabaría “Probando la suerte”. Pero lo esperaría un hecho que cambiaría rotundamente su carrera profesional, cuando el grupo “Ivotí” lo sumara en su formación. Por entonces el grupo estaba en lo más alto de su carrera, y llenaban en cuanto escenario se presentaban, “Con Ivotí recorrí el país, solo me faltó tocar en Jujuy y Misiones”, comenta. Solo Los Palmeras eran más taquilleros que Ivotí, pero diferencias con Juan Carlos Mansilla, quien había registrado el nombre del grupo, originó la ruptura de la formación y por consiguiente la paulatina desaparición del grupo que limitó considerablemente sus presentaciones hasta la actualidad.

Así Javier La Paz seguiría su camino solo, o con su grupo, pero manteniendo siempre un línea musical similar al grupo que le diera trascendencia. “Yo hago chamamé maceta. No me importa que en algunos lugares guste más el chamamé romántico, siempre soy fiel a lo que mejor hago y más me gusta”. En más de una oportunidad trajo al Festival de Sportivo a Rubén Valenzuela, quien fuera la voz de Ivotí.

A pesar de haber vivido en Villa Paranacito, en Seres (Santa Fe), Pilar (Buenos Aires), decidió festejar sus 30 años en las siete colinas, donde vivió menos de un año pero que fue donde forjó los lazos más importantes con su público. “Nadie es profeta en su tierra…En mi pueblo si he tocado siete veces en estos 30 años es mucho”, dice sin rencor, y asegura que esta entre sus objeticos por los menos volver a vivir en la Provincia.

“La música me corre por las venas. Por eso yo siempre quiero tocar, como lo hicimos este fin de semana a pesar de que el marco de público no era lo esperado. Mientras salve los gastos, y cobren mis músicos, yo toco…No se si lo hago bien, o lo hago mal, porque amo tocar. Por la música he hecho locuras como tocar en La Pampa, de allí viajara Santiago del Estero, y terminar en Concordia”….Así describe La Paz esta pasión de tres décadas.

El músico cuida un campo en Pilar y tiene dos hijos de 3 y 7 años. No les insiste para que sean músicos . “Mis padres vivían de la ganadería y la forestación, y nunca me insistieron para que fuera esto o aquello…La música sola me llamó y es lo que me hace feliz. Ellos también en su momento recibirán su llamado y elegirán su propio destino”.

 


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