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Servicio Informativo / 12-04-2018

Juicio a Ilarraz: el Arzobispado de Paraná pidió “perdón” y se expresó “por la verdad, justicia y prevención”

Puiggari emitió un comunicado desde el Arzobispado,  a días del inicio del juicio contra el sacerdote Justo José Ilarraz, acusado de abusar de menores en el Seminario de Paraná; donde pidió perdón y reconoció no haber actuado ante los casos de abuso.



El Arzobispado de la capital provincial emitió en las últimas horas un escrito que tituló: “La Iglesia: por la Verdad, la Justicia y la Prevención”.

Aunque se trata de explicaciones que llegan tarde, en el texto, reconocen:

“No supimos cómo abordar el problema y actuar de una manera completa, o lo que hicimos resultó insuficiente. Por esto, pedimos perdón”. Además, se lamentó “profundamente el dolor y el sufrimiento padecido por las víctimas, sus familiares y allegados, quienes deben saber que siempre estamos dispuestos a acompañarlos solidariamente y brindarles nuestra contención pastoral, consuelo y oración en el proceso de la sanación de sus heridas”.

También se detalló una serie de acciones que dicen haber tomado respecto del tema.
Ante la inminencia del juicio oral contra Ilarraz, la Arquidiócesis de Paraná manifestó en un comunicado su deseo de “dar a conocer nuestra posición al respecto” y destacó que “el abuso sexual es un hecho aberrante que genera nuestro absoluto y total repudio.  En tal sentido, rechazamos de manera terminante este delito cometido contra menores, el cual debe ser juzgado tanto por la justicia estatal como por la justicia canónica, en la búsqueda del completo conocimiento de la verdad y la aplicación de justicia”.

Enseguida se lamentó “profundamente el dolor y el sufrimiento padecido por las víctimas, sus familiares y allegados, quienes deben saber que siempre estamos dispuestos a acompañarlos solidariamente y brindarles nuestra contención pastoral, consuelo y oración en el proceso de la sanación de sus heridas”.

“Durante todo este tiempo, transitamos un camino que se inició con la sorpresa, el desconcierto y el dolor, al tomar conocimiento de la situación planteada. No estábamos preparados. No supimos cómo abordar el problema y actuar de una manera completa, o lo que hicimos resultó insuficiente. Por esto, pedimos perdón, por no saber cómo”, expresó el Arzobispado.

Y continúa: “Se inició luego un largo proceso de reflexión, de entendimiento, de aceptación interior, de conocimiento y de acción. Hubo una evolución trascendente en nuestra forma de pensar y de actuar desde aquel entonces. A partir de esa transformación, generamos lineamientos internos y ámbitos para tratar estos temas, para prevenir la ocurrencia de situaciones similares y para proteger y acompañar a quienes resultaron afectados”.

Asimismo, se destacó que “hoy contamos con directivas precisas de actuación que educan y guían sobre el correcto proceder en cualquier momento. También se establecieron mecanismos de escucha activa, de promoción de ambientes seguros y de divulgación de carácter formativo”.

En otro tramo del escrito, la Iglesia sostiene que “siempre colaboramos con la justicia. Aportamos toda la información que conocíamos -se nos solicitara o no-, y concurrimos cada vez que se nos convocó. También se aplicaron todas las iniciativas previstas en la justicia canónica, estableciéndose distintas instancias, que aún no concluyeron”.

También sostiene que “en sucesos posteriores ejercimos una rápida acción de control y apartamiento de funciones de las personas involucradas; incluso, se efectuó la inmediata denuncia ante la justicia estatal”.

“Más allá del resultado final que tenga este proceso, somos conscientes de las derivaciones del mismo y sus efectos en las víctimas, sus familias y la comunidad. También lo necesaria y reparadora que resulta la expresión cabal de la verdad y la justicia”, expresa la Iglesia.

Y concluye: “Aun así, las heridas necesitan de la fe, la misericordia y el perdón, que brindan contención y un camino de verdadera sanación para todos los que nos sentimos conmovidos por este hecho que nos duele, que ha provocado tanto daño, pero que no debe opacar la labor espiritual y social de tantos sacerdotes que trabajan silenciosamente al servicio de la Iglesia y la comunidad”.


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