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Interés General / 11-03-2018

Ramiro Salinas, esas hábiles manos que pasaron del pincel de caballete a los andamios del templo parroquial

Finalizada la obra de restauración de uno de los altares laterales de la nave central de Parroquia Nuestra Señora de Aránzazu, de manos del artista victoriense Ramiro Salinas; Hilda Sosa periodista de LT39 NOTICIAS habló con él,  sobre el trabajo realizado y  su vida a través del arte.


Ramiro Salinas, artista victoriense junto a su esposa laura Mc Dougall en el altar restaurado y la incorporación en el mismo, del Cristo yacente

Ramiro Salinas, artista victoriense cuyo nombre  está emparentado contemporáneamente, no sólo con  su obra personal pictórica, donde el gran San Miguel Arcángel supo ser protagonista,  sino que llegó al inconsciente colectivo con lo que fue la restauración del Templo Parroquial, de la mano del artista paranaense Raúl González, ya que aquél hizo las veces de asistente, en ese valeroso trabajo artístico.

Por estos días vuelve a ser noticia, ya que dirigió la restauración de uno de altares laterales a la nave central de Parroquia Nuestra Señora de Aránzazu, donde se encuentra la imagen del Sagrado Corazón de Jesús, amén del Santísimo Sacramento.

LT39 NOTICIAS se acercó hasta el lugar para poder observar in situ la obra finalizada de este reconocido artista local.

-¿Cuándo recibiste la propuesta de hacer este trabajo?

-Desde hace algunos años vengo haciendo trabajos muy puntuales, siempre estamos en contacto con la comisión y sabia que tenían el proyecto de restaurar este altar,  porque querían incorporar una modificación e incorporar una pieza artística que estaba guardada y solo se sacaba en semana santa,  pero a fines del año pasado ya se había tomado la decisión.

-¿Cuánto tiempo llevó desde el momento mismo de reuniones previas hasta la finalización? ¿Tuviste en cuenta otras opiniones calificadas?

– Me llevó cinco semanas la restauración en sí misma,  pero la pre producción llevó muchos meses, hubo un asesoramiento muy conceptual y artístico de Ruben María Leican que es un Monje Benedictino, quien es un gran artista de la iglesia abacial y él fue como el legitimador de esta idea,  que básicamente fue concebida por Luis María Andrade.

Cabe destacar que Luis María Andrade quien además de ser Director Municipal de Cultura de esta gestión municipal; dentro de la vida parroquial es Camarero de la Cofradía de Nuestra Señora de Aránzazu e integrante de la Comisión de la restauración del templo; fue quien informó de una escultura guardada del siglo XIX, sellada por un alto valor artístico,  religioso y cultural,  con el fin de restaurarla e incorporarla al cotidiano de los feligreses.

A partir de ahí voces pertinentes fueron el hilo conductor para comenzar el trabajo. El Monje Benedictino Leicán avaló y legitimó esta idea; en tanto que a nuestro entrevistado Salinas se lo convocó  para llevar adelante la restauración técnica,  una vez que el marco conceptual estuvo establecido.

Los victorienses solventaron  su patrimonio

“Aquí el problema no es tanto lo técnico, ya que con los años hemos superado las cuestiones técnicas, todos estos años han sido de un enorme aprendizaje y de conocimiento e información sobre técnicas y conceptos de restauración,  hoy Victoria está en condiciones de encarar proyectos de esta naturaleza; pero el problema es la financiación, entonces siempre se retrasan estas propuestas y proyectos porque se necesitan recursos económicos obviamente, los materiales son caros se compran en Buenos Aires, entonces se demoró porque había que empezar a recaudar fondos, de una manera muy básica que es pedir a la gente que done con su colaboración”,  relató Salinas.

Destacando aquí en un párrafo aparte a Teresita Robledo, Presidenta de la Comisión de Restauración, quien salió al ruedo, invitando a la sociedad para  recaudar esos fondos que se necesitaban y cuando eso estuvo garantizado  se inició el mentado trabajo.

“Para  entrar a trabajar en este altar  necesitaba mucha calma espiritual, porque no deja de ser un trabajo de riesgo,  ya que uno está trabajando en altura con un mobiliario muy antiguo que podría llegar a tener problemas de sostén y demás. Entré con mucha calma e incluso días antes venia y me sentaba a mirarlo para preparme espiritualmente”.

Haciendo hincapié además en la significancia de esta obra para el común denominador de los feligreses que a diario visitan el templo, “no dejo de pensar que toda esa materialidad en la que trabajo está muy cargada y tiene un significado muy importante de algo intangible que es lo que representa para toda la comunidad, para todas las generaciones que han pasado, por aquí han pasado millones de personas a lo largo de 150 años y eso es muy fuerte, las personas vienen aquí a buscar un espacio de intimidad espiritual”.

Laura, mucho más que esposa y compañera

Laura Mc Dougall fue la mujer con la que Ramiro se eligieron mutuamente hace casi diez años, para compartir la vida y fue ella misma, quien lo asistió en este trabajo.

“Ella hizo el trabajo más minucioso,  de decapado,  limpieza,  consolidación de dorados,  es una persona con una mano muy delicada y venimos trabajando juntos en el tema de restauración, se ocupó con la parte del piso y yo en la altura, su trabajo en invaluable. Tiene  manejo técnico y conocimientos en madera antigua y sabe como recuperarlas, venimos trabajando juntos y era la persona indicada. Así como yo fui asistente de Raúl González, el asistente en algún momento termina manejando la misma información que el director”,  destacó el artista.

El arte sacro mira su obra

“Cuando uno es estudiante de arte estudia la historia del arte que está atravesada por la Iglesia Católica, gran parte de la historia del arte occidental es parte de la historia religiosa, entonces uno tiene un contacto e información”,  explicó, agregando calificativos a este arte “ es grandilocuente, el arte sacro es el arte de la Iglesia Católica que es el gran arte de occidente,  es enorme, siempre fue pensado para el impacto visual y espiritual, eso me conmueve, sino miremos este templo de 1875 y sus dimensiones, apenas era una villa y se inauguró con estas dimensiones. Durante la restauración que vivencié a Fusilier me di cuenta de las dimensiones, yo venía de ser un pintor de caballete manejaba una escala diferente y al estar aquí uno piensa desde otro lugar desde todos los puntos de vista posibles”.

Recalcando en su relato que el proceso tanto interno como externo de transformación es inevitable. “El proceso y crecimiento es interior y exterior con un crecimiento técnico en lo artístico, en lo interior es notable mis amigos me lo han dicho y uno se acerca tímidamente a esta idea de la religiosidad pero sin retroceso y tiene que ver con esto que nunca lo previ para mi carrera, yo le llamo misterio”.

-¿Se puede decir entonces que la restauración ha terminado?

-No, porque hay que destacar que ésto no tiene fin, ésto tiene etapas,  es tan grande y antiguo que todo el tiempo hay que estar haciendo mantenimiento, sí puedo decir que esta etapa está cerrada y se abre otra, donde posiblemente se restaure el otro altar lateral y asi permanentemente,  este patrimonio requiere un monitoreo permanente,  como en el continente europeo, donde en templos como éste hay un equipo técnico que trabaja todos los días.

Su trabajo con el artista paranaense Raúl González

Ramiro Salinas fue quien asistió al artista Raúl González en la restauración del Templo Parroquial durante tres años,  pero sin lugar a dudas hay que hacer un destaque a la manera en que llega a ocupar ese lugar.

“Es un misterio como llegué a la restauración del templo. Alguna vez  me acercaron una carpeta que él había extraviado y yo la atesoré durante algunos años y un dia se la entregué,  yo le acerco la carpeta y el quedó muy impactado por ello y yo la tenia guardada entre mis cosas más preciadas y ahí, en ese momento él decide conocer mi obra de caballete, por lo que  lo invito a mi taller y a partir de ahí comenzamos una amistad”, relató ansioso, contangiando impaciencia por el relato.

“En el momento él se dio cuenta que algo quedo vibrando ahí y luego con el tiempo me pidió que sea su asistente cuando la restauración del templo. Hay algún misterio que a uno lo hace estar en un momento determinado en un lugar o momento,  porque tiene que estar ahí, pero eso uno sólo lo puede ver en retrospectiva”.

Cuando yo rastreo había un camino algunos elementos hasta llegar acá en este momento, eso estaba al menos sugerido y yo decidi seguir ese camino como artista, pero entiendo hasta ahí, puede ser Dios o la fatalidad del destino. Y si sigo racionalizando me paralizaría ante aquello que ese misterio me llama a hacer, hay que dejarse llevar sino algo se obstaculizará.

Cuando a mi me convoca Raúl González en la restauración de las pinturas, para mí fue un punto de inflexión, era una propuesta enorme pero una situación diferente para un artista pagano, local, aparte yo estaba muy alejado de la iglesia como institución. Raul fue muy generoso porque estaba tratando de brindar a un artista local de quedarse con todo ese tesoro de experiencia. Después de estar tres años trabajando, asumí el compromiso personal de ser custodio de ésto. Para mi fue un fuerte impacto….cuando yo era estudiante de arte venia al templo a la siesta cuando no había nadie tratando de ver las paletas de colores venia con papel y lápiz, para mi era como una escuela esto y de repente estaba restaurándola. Asi fueron tres años que estuve casi todos los días aquí,incluso las celebraciones de misa dejaba de trabajar y desde el andamio me sumaba a la celebración.

Ramiro Salinas dijo una frase en el transcurso de la charla que bien merece ocupar este cierre de nota “el patrimonio pictórico que tenemos en Victoria y que nos pertenece a todos, debemos conocerlo,  es el principio de respetarlos”.

 


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