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Interés General / 01-03-2018

Vidas en Victoria: el gremio y la política definieron su vida, Juan Carlos Almada

Vidas en Victoria, una sección del semanario LA SEMANA que recorre las vivencias de muchos victorienses, sus caminos, sus aciertos y desaciertos, pero sobre todo sus historias, marcadas a fuego en estas siete colinas, tan nuestras y tan arraigadas al sentir local. Hoy Juan Carlos Almada, quien dirigió los destinos de SOEMVER, durante màs de tres décadas. Hilda Sosa, periodista de LT39 NOTICIAS estuvo en la casa del gremialista. (Nota completa en semanario LA SEMANA, edición sábado 3 de marzo 2018).


Juan Carlos Almada y su esposa Liliana Antúnez


Hijo dilecto de las siete colinas, nació un 28 de diciembre de 1951 y su infancia fue recorrida en el cuarto cuartel, más exactamente en calle Bartoloni Y Perú, “al fondo, donde termina el pavimento”; su abuela Doña Alba Ramírez de Tolosa supo criarlo y cobijarlo en su infancia, junto a su abuelo Federico Tolosa, tipógrafo del por entonces Diario Crisol; ya que sus padres Juan Zoilo Almada y Gloria Georgina Tolosa les encomendaron su crianza, por una adversa situación intrafamiliar.

“Mi infancia fue en la Escuela de Laprida y la que fuera mi  maestra de séptimo grado, Morocha Espíndola, a la que amo y recuerdo con mucho cariño, ella me decía que tenía que seguir estudiando, porque me veía capáz; teníamos muchos códigos entre los dos”,  recordó.

Infancia “…de chiquilin te miraba de afuera…”

Su infancia y los últimos años del primario se vieron signados por un padre que guiaba el camino laboral de su hijo, si bien la idea era continuar en la Escuela Industrial, la realidad impedía tal objetivo, por lo que su padre, por entonces empleado de Vialidad, lo bendijo en su ubicación laboral.

Su primer trabajo, una responsabilidad ante todo; “a los 9 años entré a trabajar en lo de los catalanes  Manolo y Paco Otegui,  que tenían el taller en calle Mitre entre 3 Febrero y Camoirano,  ahí me puso papá y cuando fuimos les dijo: enséñenle algo y dénle para el jabón… y en verdad no me alcanzaba para nada y además no me enseñaron nada. Luego  un día papá me vio hombreando bolsas de lino de 30 kilos y me sacó “.

Después de su primer experiencia laboral, Don Juan Almada lo llevó a quien por entonces era un habilidoso señor,  “papá me llevó a lo de Piruco Cudini, frente a lo que es hoy lo de Botteri, donde estuve 9 meses y me enferme de pulmonía, por lo que papá me sacó”.

Una tercer y última oportunidad en la ciudad, “papá me llevó al taller de Bardou. Todos siempre me dijeron, te tocaron los tres patrones más complicados de Victoria y así fue sin dudas”, recordó risueño.

Adolescencia…su primera novia, esposa, madre de sus hijos…todo para él…

La pubertad lo sorprendió con los albores de un noviazgo que marcaría el resto de su vida, ya que por aquel entonces con 15 años de edad y de novio con Liliana Antúnez, la mujer y compañera de su vida con exclusividad, comenzaban a caminar tímidamente de la mano del amor los inicios de una vida intensa.

Pero una mezcla de obligación y necesidad lo condujeron a Rosario, para trabajar como armador de cemento.

Por aquel entonces, sus días adolescentes transcurridos en la Cuna de la Bandera, discurrieron a pasos de la Catedral, en la esquina de Santa Fe y Buenos Aires, pleno centro rosarino.

Solía despuntar su tiempo en un bar vecino, donde solía colocar una ficha para escuchar música, pero ·”extrañando horrores”, dijo contundente.

Los 18 años marcaron el regreso a la ciudad de las rejas, donde definitivamente dio el SI ante el altar, junto a su novia y actual mujer…juntos hace casi cincuenta años.

Inmediatamente ingresó a trabajar en la Municipalidad de Victoria, lugar donde desplegó toda su carrera gremial, en el SOEMVER Sindicato de Obreros y Empleados Municipales de Victoria Entre Ríos,  finalizada el año anterior.

(NOTA COMPLETA EN SEMANARIO “LA SEMANA”, EDICION SABADO 3 DE MARZO 2018)


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