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Noticias / 14-11-2017

Sobre la Ordenanza de agrotóxicos

El lunes ingresó una Proyecto de Resolución para pedir al Ejecutivo que reglamente una norma “trabajada” desde hace ocho años.


Isa Castagnino. La concejal impulsaría acciones desde su banca para reavivar una ordenanza que regula el uso y depósitos de agrotóxicos.

Recientemente en la Sala del Cine Teatro Victoria, la agrupación Guardianes de Victoria, convoco a diferentes actores de la sociedad para debatir sobre la problemática de los agro tóxicos.

De la misma surgieron varias líneas de trabajo. Entre ellas, se propuso renovar el interés en la ordenanza 2790 sancionada en el año 2009, “por unanimidad”, pero que aún no ha sido reglamentada. Sobre este punto, la concejal Isa Castagnino, adelantó que la próxima semana estría ingresando al Concejo Deliberante, un Proyecto de Resolución para instar al Poder Ejecutivo a hacer cumplir la mencionada ordenanza.

La ordenanza N° 2790

La norma establece la prohibición de fabricar, depositar, almacenar, fumigar, pulverizar, en el éjido de la ciudad de Victoria, comprendiendo tantos los Suelos Continentales como las áreas en Suelo Litoral. La misma delimitaba las zonas exceptuadas comprendidas por la parcelas que se encuentran ubicadas al norte y noreste del Arroyo del Ceibo, las que deben regirse por la Ley Provincial Nº 6.599; y también las denominada, Suelo Industrial según la Ordenanza Nº 2.472/05

Quedan exceptuados de los alcances de la ordenanza las actividades relacionadas con el control de plagas (moscas, mosquitos, ratas y otras similares) y cuando la aplicación terrestre o aérea sea efectuada por un organismo Municipal, Provincial o Nacional autorizado a tal efecto, como así también las aplicaciones realizadas en plazas, parques, jardines y/o huertas familiares con productos de uso domiciliario.

Esta ordenanza, autoría del entonces concejal por el Justicialismo, José Molla, es una de las mejores trabajadas, y en su oportunidad logró adhesiones y mucha colaboración de entidades intermedias y ong. Se hicieron charlas, debates y capacitaciones, y de todo eso, se originó la misma.

Otro elemento que nos convoca es el artículo 5, que prohibía el tránsito dentro de la delimitación establecida de los equipos de aplicación, fumigación y/o pulverización terrestre de los productos agroquímicos y/o plaguicidas excepto sobre las rutas de ingreso y egreso de la ciudad. Y preveía que en caso de necesidad de realizar reparaciones específicas deberán solicitar autorización al Organismo Municipal de Aplicación.

En el 2009, el debate tuvo rebote en algunos negocios que tuvieron que mudar sus depósitos, adelantándose a lo que se esperaba se exigiría a corto plazo –pero que nunca sucedió-, que era que las oficinas de venta de productos agroquímicos y/o plaguicidas, no cuenten con depósito de productos. Algunos cuadros de salud sospechosos abonaron las acciones, aunque nadie puede estar del todo tranquilo, siendo que la ordenanza, nunca entró en vigencia.

Como señalamos más arriba, a la ordenanza no se le escapa nada: ni el tratamiento de los envases, órganos de aplicación, y hasta definiciones.

Tal vez el único error, haya sido no establecer los plazos para su reglamentación, que fue en definitiva, lo que hizo que la misma terminara en un cajón, trascendiendo las gestiones.

Un informe que da escalofríos

Esta semana se conoció un trabajo de Investigadores del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas -Conicet- que revelaron que Entre Ríos registra niveles de acumulación del herbicida cancerígeno glifosato, de los más altos que existen a nivel mundial.

 

La investigación, publicada en la revista internacional Environmental Pollution, señala que el glifosato no hace más que acumularse en los campos argentinos, principalmente en la provincia de Entre Ríos, y Urdinarrain encabeza el ranking mundial.

El equipo de científicos también ubicó rastros del herbicida en aguas de superficie, aunque a niveles más bajos que los comprobados en el suelo.

La investigación señala entre sus resultados que “bajo las prácticas actuales, las tasas de aplicación son más altas que las tasas de disipación” y resalta que “por lo tanto, glifosato y AMPA -su metaolito- deben ser considerados pseudo persistentes”.

El estudio en cuestión, sujeto a muestras tomadas en 2015 de distintos lotes ubicados en el distrito entrerriano de Urdinarrain, sostiene que la concentración de glifosato constatada en esa zona se encuentra entre las más altas a nivel mundial.

 

 

 


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